martes, 4 de junio de 2013

A novela das nove

Las novelas son uno de los programas más importantes de la televisión brasileña, quizá sólo por detrás de las retransmisiones de fútbol. Se emiten todo el día novelas en la mayoría de canales, pero la producción propia más importante es la del canal de televisión Rede Globo, que emite de lunes a sábado tres novelas, conocidas como: a novela das seis, a novela das sete y la más importante y popular: a novela das nove.

A novela das nove reúne a toda la familia alrededor de la televisión. Mismamente mi profesora de Antropología I ya advirtió que no esperaba dar clase hace dos viernes, cuando se emitía el capitulo final de Salve Jorge, la última de las novelas de las nueve. El capítulo final fue visto por el 48% del total de los hogares del país, y no fue uno de los capítulos finales más populares. Algunas de las más famosas superaron el 50% de audiencia - como Avenida Brasil -. Prueba del éxito que tienen es que, si pasas a las nueve por cualquier bar de la ciudad verás que todos tienen Rede Globo en la televisión, y si vas a cualquier quiosco encontrarás por lo menos tres o cuatro revistas con los protagonistas de las novelas en portada.



Hace dos semanas, pues, empezó una nueva novela das nove: Amor à Vida. En un esfuerzo de integración social en la vida brasileira decidí ver un par de capítulos para ver que tal. Pero el caso es que - coincidiendo con mi fin de semana de anginas tropicales - me enganché y vi los diez primeros capítulos. En mi defensa diré que las novelas brasileñas son bastante mejores que las telenovelas que nos llegan a Europa: tienen presupuestos enormes, buenos actores, muchos exteriores...

Pero bueno, pese a todo, no dejan de sorprenderme aspectos varios de la experiencia antropológica que ha supuesto aficionarme a una telenovela brasileira:

El protagonista gay

Hace unas semanas fui a una conferencia sobre derechos LGTB en Brasil, donde uno de los ponentes habló de la necesidad de visibilizar relaciones homoafectivas en la televisión, particularmente en las novelas, donde nunca uno de los personajes principales había sido LGTB.


Pues bien, ya está. En Amor à Vida, el hermano de la protagonista tiene relaciones con otros hombres. Quizá el aspecto negativo de esto es que, de todos los posibles personajes que podían aparecer, es el peor. Es un señor malo. Malísimo. No es una marica mala, es peor. Está casado con una pobre mujer a la que engaña con hombres que conoce por internet, y abandonó a su sobrino en un contenedor de basura en el primer capitulo.

Aquí Félix conectándose al gayromeo.
Aunque pueda parecer que no se trata de un hecho importante, bajo mi punto de vista lo es y mucho. Brasil es uno de los países del mundo con más crímenes homófobos. En Brasil, el año pasado dos hermanos fueron atacados cuando se abrazaban en la calle porqué alguien pensó que se trataba de una pareja de gays. Uno de los dos murió de una pedrada en la cabeza. Ni siquiera la propuesta del gobierno de repartir en los colegios el llamado kit antihomofobia, pudo ser aprobado en el Congreso Nacional por presión de la llamada bancada evangélica. No es cualquier cosa que el primer protagonista gay de una novela sea malo y promiscuo.

Las razas

Según el censo de 2010 el 47,7% de los brasileños son blancos, seguido de un 43,1% de pardos y un 7,6% de negros, además de otros grupos más minoritarios como los indígenas. En estados como Rio, la proporción de blancos es todavía menor. Pues bien, en la novela no hay ni un negro, ni un pardo, ni por supuesto ningún indígena (faltaría más). En la novela son todos blancos.

La ausencia de negros tampoco se trata de un aspecto arbitrario. La desigualdad social, en Brasil, está atravesada por la variable de raza. De media, según el censo de 2010, un blanco gana dos veces más que un negro - en 2000 era 2,4 - Otro ejemplo es el acceso a la universidad: mientras que la proporción de negros y pardos es de un 53% en el ensino fundamental (primaria) es de solo un 23% en la universidad.

Es por esto que se están impulsando leyes de cuotas en diversos ámbitos. Para las universidades se aprobó el año pasado. En los medios de comunicación parece que, pese a que no hay ninguna ley al respecto, en los últimos años ha aumentado la presencia de negros y pardos. Incluso en 2009 una novela tenía una mujer negra como protagonista. No se mucho sobre el tema, pero es curioso que la novela se llamase Da Cor do Pecado (Del Color del Pecado).

El Brasil de mentira

Quizá este punto es más frívolo, pero a mi me ha impactado igual. Es solo un consejo, pero nunca caminéis por el medio de la carretera en una ciudad como São Paulo, con 11 millones de personas y 7 de vehículos. Moriréis. Tampoco paseéis solos por la noche en mitad de una calle oscura, como en los primeros capítulos hacen los protagonistas de forma insistente. Pero quizá esto es cosa mía y yo soy sólo un europeo miedíca.




Novelas y socialización

Las novelas en Brasil son también un vehículo para la difusión de ideas y modos de vida. En un país tan grande y diverso como Brasil, el éxito abrumador de un espacio como la novela de las nueve la convierte en uno de los agentes de socialización más importantes del país.

Así, en las novelas brasileñas puedes ver desde personajes que explican la importancia de reducir el consumo de sal - Brasil es uno de los países con mayor consumo de sodio por persona del mundo -, a la necesidad de cambiar los hábitos alimenticios para evitar la obesidad infantil.

Pero además de estos mensajes más neutros, hay algunos de otro tipo. La secuencia que más me ha llamado la atención es en un capitulo de la semana pasada. Una señora va a visitar el hospital propiedad de los protagonistas de la novela, al parecer está embarazada y quiere abortar. El médico le responde:

- Lo siento, pero yo me formé para curar personas. No para matarlas. Deberías hablar con tu marido y cambiar de idea.

La mujer cambia de idea y le da las gracias al doctor por abrirle los ojos.